Increíble y vergonzoso. Batimos todos los récords en el mundo. Y, como casi siempre, en sentido negativo.
Porque ninguna democracia sensata aceptaría la brutal reproducción de partidos políticos por docenas y peor, aprobar su registro oficial.
¿Cuál es la explicación a la multiplicación de partidos y sus candidatos al sillón residencial y al Congreso…?
La respuesta es la de siempre.
-- Me lo piden las bases y yo quiero trabajar por mi país y quienes me eligieron.
Contestan igual que los últimos mandatarios y ciertas autoridades que pagan sus culpas en la cárcel.
Similar reflexión se extiende a los candidatos a senadores y diputados. ¿No será por el jugoso sueldo y gollerías para ellos y su familia…?
En este fatídico ambiente de mentiras y corrupción. ¿Les creemos…?
Hoy mismo, la experiencia y la desconfianza invitan a la duda. Incluyendo a los ardorosos defensores de fracasadas ideas radicales.
El cine, que con frecuencia abordas aspectos sustanciales de la existencia humana, nos brinda una muestra al respecto.
En el film “Last run”, uno de los actores lanza una contundente opinión:
-- En el siglo XXI no se necesitan ideologías. Todo es por dinero.
Trescientos años antes de Cristo, el filósofo griego Platón nos dejó una lección que debemos grabarla en piedra para no olvidarla:
-- La única razón que justifica que una persona participe en la política, es es su capacidad de servir.
De esa avalancha de candidatos a la presidencia y al Congreso. ¿Cuántos poseen este sencillo y místico requisito…?

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