Los partidos políticos en Perú no son lo que la ciudadanía aspira.
Cada uno actúa de acuerdo a los intereses de sus jefes o integrantes, por lo general, alejados de las necesidades y exigencias de las mayorías.
Son egoístas. Solidarios entre ellos. En múltiples oportunidades, aunque parezca contradictorio, nos han dado la espalda o cerrado la puerta.
Los congresistas, pese a estar obligados a acudir a su lugar de trabajo, pugnan sesionar por celular desde cualquier lugar, menos el hemiciclo.
Muchos muestran una completa falta de respeto e identificación con la gente. Incluyendo a sus propios electores.
¿En qué se podrían emplear los más de 222 millones que se echarán a perder donándolos a los seis partidos sobrevivientes de los últimos comicios…?
Aparte de eso, decenas de agrupaciones recibirán miles de soles de nuestros bolsillos para gastarlos en la campaña electoral de octubre. ¿Por qué…?
Cientos que quieren seguir en la danza, van en lista a la reelección indirecta, detrás del gobernador o alcalde. Burlan la ley con la trampa en la mano, ante un inerte JNE.
En La Libertad un candidato rompió el acta del Pacto Ético en plena ceremonia. Y no pasó nada. ¿Así quiere ser autoridad…? Una pena.
Perú, con tantas necesidades, no está para regalar dinero por millones a estos displicentes políticos. ¡Basta ya…!
Si quieren tener un partido, que sea con su plata. Sino dedíquense trabajar. Eso sí, ahí no tendrán nada gratis.
Hay un proyecto para pulverizar ese innecesario desembolso de financiamiento público directo o indirecto a las organizaciones políticas,
Lo impulsa la diputada Norma Yarrow, tras detectar conflicto de intereses en el destino de la franja electoral.
Resulta que, en las últimas elecciones se comprobó contratos de espacios publicitarios en medios vinculados a dirigentes, militantes o personas relacionadas con ciertos partidos políticos.
Esto origina “un creciente cuestionamiento ciudadano sobre la transparencia, imparcialidad y eficiencia del modelo vigente”, afirmó Yarrow
Termina que es importante revisar la conveniencia o no del modelo frente a otras prioridades nacionales, como educación, salud y seguridad.
La iniciativa debe ser admitida y aprobada `por unanimidad o amplia mayoría.
Primera prueba de fuego para el flamante Congreso. ¿Marcará la diferencia con el que se fue…? ¿O será igual o peor…?
¡Ni un solo sol para los partidos políticos…!











