Los días transcurrieron como el agua se escurre entre los dedos de las manos. Estamos a las puertas del día decisivo.
Tras superar el intrincado laberinto de tener más de treinta aspirantes, que nos dejó en ridículo ante el mundo, quedan dos candidatos a la presidencia.
Keiko Fujimori con Fuerza Popular y Roberto Sánchez, Juntos por el Perú. Burda e innegable continuidad de Castillo y Perú Libre.
Ambos con sus propios planes de gobierno y evidentes diferencias.
FP lo mantiene intacto. Tal como fue presentado al Jurado Nacional de Elecciones.
JPP soslaya aspectos referidos a la reforma constitucional, inversión extranjera, renegociación de contratos y TLC, entre otros.
Las cartas están sobre la mesa. A la espera de ser movidas por millones de electores en cuyo voto el Perú se juega su destino.
Sostiene el partido de Sánchez que el crecimiento experimentado no ha solucionado todos los problemas existentes.
Sin embargo, los economistas aseguran que “sin crecimiento no se solucionará ningún problema”.
Una de las razones del pobre desarrollo, incluyendo las obras inconclusas, no es el centralismo, ni la falta de dinero.
Es consecuencia de la incapacidad de gestión, los funcionarios ineptos y supuesta corrupción. Los liberteños somos testigos de ese déficit.
Apoyemos con nuestro voto a quien ofrece luchar por una mejor educación, salud, exterminar la corrupción y pulverizar el crimen.
Que prometa construir carreteras, garantice la estabilidad, busque la unidad entre peruanos y no nos robe la esperanza.
Al ingresar a las urnas, reflexionemos. Pensemos en la familia y el futuro que nos espera. Escojamos la opción menos dañina.
Siendo más sinceros, va el último consejo. Votemos a conciencia. Con el corazón. No con el hígado…







