Ante la sorpresa general, Trujillo cuenta con un alcalde que nunca vivió aquí. Y, tal vez, según el criterio colectivo, no conozca nuestra realidad.
Catorce candidatos aspiraron al más importante cargo de la provincia. Es la primera vez que se presentó esa cantidad récord.
La tarea que le espera al burgomaestre electo, aparte de las obras, no es fácil. Solo en la ciudad, tiene mucho por hacer con los problemas cotidianos.
Porque las autoridades que pasaron por el sillón municipal, incumplieron sus promesas y no superaron dificultades neurálgicas que nos aquejan.
Ninguno despejó el centro cívico del estacionamiento prohibido para dejar libres las calles y permitir la normal circulación vehicular.
El mismo casco antiguo, padece del insoportable concierto de bocinas de toda intensidad. Pese a estar igualmente prohibido.
Nunca se graduaron las luces de los semáforos: Cambian muy rápido y exponen al indefenso peatón al peligro o insultos impublicables.
Los nuevos dueños de las veredas son los comerciantes ambulantes, obligando a la gente a caminar por la pista. Ningún exalcalde pudo con ellos.
Hace más de sesenta años, Trujillo tuvo los primeros buses de transporte público de pasajeros, por iniciativa de la empresa Zarzar.
Llegó de la mano con el orden. Sin congestión para subir o descender. Se ingresaba por la puerta posterior y bajaba por delante.
Los ómnibus tenían un botón en la parte superior de los asientos. El pasajero que deseaba bajar lo oprimía y sonaba un timbre.
Cada esquina era considerada como paradero. ¿Quién responde por qué se perdió eso que es común en las grandes urbes del mundo…?
Hoy, su ubicación está donde se le antoja al usuario o chofer. En más de medio siglo, en lugar de avanzar, hemos retrocedido. Todo es desorden.
Existe la esperanza que cambie con el Transporte Metropolitano. Mientras esperamos, el municipio debió establecerlos. Pero, no hubo interés.
Ahora hay otro problema con las pistas y veredas destrozadas o mal reparadas.
Siempre faltó un alcalde con carácter, decisión férrea y ganas de trabajar,
Pierden la energía que exhiben como candidatos cuando vociferan en las plazas a todo pulmón buscando aplausos hipócritas y votos de incautos.
¿La autoridad edil a estrenar en enero, tendrá el suficiente talento y competencia para terminar con esta fatídica maldición de Trujillo…?








