No es mi estilo, pero a propósito de haberse celebrado el Día del Periodista en Perú, deseo hacer una confesión a los cordiales lectores de Prensa Virtual Trujillo II.
Mi padre, Juan Gálvez Arce, fue regente y reportero gráfico del diario La Industria, de Trujillo, el más importante de la región, que dejó de circular en junio último.
Llegaba animoso a casa todas las mañanas muy temprano. Traía el matutino bajo el brazo y la bolsa de pan en la mano.
Luego de descansar, casi toda su conversación giraba en torno a las múltiples peripecias para armar e imprimir el periódico.
Es posible que sus constantes relatos hayan influido en mi futura predilección por el periodismo que ejerzo hasta la actualidad.
En el último año de primaria, me inscribí en el grupo de inquietos chiquillos que “publicaban” el periódico mural de la escuelita fiscal 280.
Garabateados manuscritos eran pegados uno sobre otro en una vieja pizarra colgada en la pared frontal del patio.
Como miembro del Club de Periodismo del tradicional colegio nacional de San Juan, se nos comisionó publicar la revista de la Promoción 1961.
Los escritos debían presentarse en máquina de escribir, así que acudí a La Industria donde redacté tres artículos “con dos dedos”. Todos salieron en la edición.
Al año siguiente ingresé a la facultad de Letras y Educación de la Universidad Nacional de Trujillo.
Además de los estudios, mi ferviente interés fue escribir y colaborar en La Industria, donde me conocían por las frecuentes visitas a mi padre.
El verano de 1964, el director Daniel Gordillo Jara, me sorprendió al invitarme trabajar como redactor en el diario.
Corríamos tras las noticias anotando los datos con bolígrafo y papel, para retornar a la redacción y escribir nuestras informaciones.
Múltiples vivencias, experiencias y anécdotas, quedaron impregnadas en los archivos y la memoria de quienes integramos el equipo de redacción, .
Titulado como profesor de educación secundario en la especialidad de historia y geografía. Por razones de horario, emigré a La Gaceta y La Opinión.
La inexistencia de una facultad de periodismo y la falta de tiempo, me encaminaron a convertirme, como otros colegas, en periodista autodidacta.
Conformé la plana docente del emblemático Instituto Superior de Periodismo y Relaciones Públicas Carlos E. Uceda, donde enseñé cursos de la especialidad.
Regresé después a Satélite y enseguida a La Industria, donde llegué a escribir editoriales y permanecí hasta 1987. Seguí en La Palabra.
A comienzos de este milenio, colaboré en la página editorial de La industria y me quedé en Satélite hasta su sentida desaparición. El periodismo ya era parte de mi vida.
Desde octubre del 2007 edito este blog Prensa Virtual Trujillo, donde constan casi todos esos escritos.
Ingresé al periodismo radial en el informativo Réplica Noticias, dirigido por Víctor Gil Rodríguez y Contacto con la Noticia, de Ángel Mauricio Ruiz. Ambos, en Diplomat Radio.
A mediados de 1982, se instaló el Colegio de Periodistas del Perú, Consejo Regional de La Libertad.
Permitió la ley que, por única vez, podían colegiarse los periodistas prácticos que acreditaban tener título profesional y haber laborado durante 8 años en prensa.
Logré así mi incorporación al Colegio de Periodistas. Tenía suficiente experiencia.
Para su instalación, arribaron desde Lima dirigentes nacionales. La ceremonia y se realizó en el paraninfo de la Universidad Nacional de Trujillo.
Ricardo Miranda Tarrillo, representó al decano Mario Castro Arenas, hizo el juramento de estilo, entregó el diploma de la orden, medalla y pin. En mío figura el número 041.
Al poco tiempo participé como expositor en los diversos cursos de Periodismo Escolar para profesores y estudiantes de periodismo organizado por el Colegio.
Formé parte del Consejo Directivo Regional de La Libertad, como Director Secretario, durante el decanato de Alberto Pinillo Bocanegra (2014-2015).
Al atardecer del jueves 1 último, en ceremonia especial, en la Municipalidad, entre otros números, se distinguió a los “primeros colegiados liberteños”.
El Consejo Directivo actual está integrado por jóvenes y puede justificarse. Pero, jamás olviden a quienes dejaron alguna huella en la institución.
Por más imperceptible que parezca…








