Hace unos días, el presidente José Balcázar estuvo a punto de originar un problema por la compra de aviones F-16 para la FAP.
Concluyó el impase con la intervención del embajador de Estados Unidos y la renuncia de dos ministros.
Recientemente insistió en el caso poner en tela de juicio su posición inicial, siendo aclarado por José Jerí y el propio canciller.
Después, colocó al Perú en una situación incómoda, a nivel internacional, al lanzar declaraciones fuera de contexto.
Su desconocimiento fue tal que estuvo a un paso de desencadenar una innecesaria crisis diplomática.
En un acto de la Cámara de Comercio de Lima, expresó desacertadas frases sobre el comercio de Alemania e Israel en el pasado.
Las embajadas de ambos países emitieron un comunicado exteriorizando su comprensible protesta.
Balcázar tuvo que disculparse públicamente, alegando que se trató de un malentendido y que no lo dejaron completar su idea.
El caso obligó al canciller Carlos Pareja reunirse con el embajador de Alemania y el director de la comunidad judía para aliviar el ambiente.
Pedro Castillo carga sobre sus hombros erratas de colección.
Aquí una. Llamó “el hermano Santiago” a la capital chilena, cuando viajó a la toma de mando de Gabriel Boric.
Y su verdadero hermano. El más votado del flamante senado, se enorgullece de “no haber leído libros, ni poseer títulos que estorban”.
Se discute si la formación académica es importante, pero no indispensable en los políticos. Ya que pueden aportar con su experiencia.
Sin embargo, “una buena base educativa facilita la comprensión de sistemas complejos, la toma de decisiones y la rendición de cuentas”.
Hay una frase para la reflexión: “la política está en todas partes, pero la educación mejora todo…”.






