Corrían los últimos años de la lejana década del cincuenta, cuando los jóvenes de entonces tenían diversiones distintas a los de ahora.
Jugábamos fulbito en la calle y los postes de luz. al filo de la vereda, hacían de arcos. O, nos juntábamos en la esquina a contar chistes y ocurrencias.
Quienes vivimos cerca a la intersección de Almagro y Zepita, acudíamos al atardecer, a los exteriores del cine Libertad de la avenida Carrión.
Observar las “fichas”, como se les llamaba a las fotos de la película en cartelera o por estrenar, era nuestro hobby.
Conocimos así a muchas estrellas del celuloide.
Cierto día nos enteramos que el cine Popular (Ayacucho), de la sexta cuadra del jirón del mismo nombre, estrenaba una cinta de Brigitte Bardot.
“Y Dios creó a la mujer” era protagonizada por la bella y famosa actriz.
-- Tenemos que ir a verla --pronunció animado uno de los amigos.
-- Estás loco. No nos dejarán entrar. Es una película para mayores de 21 años y nosotros no llegamos a los 17 –arguyó otro.
-- Lo intentaremos –cortó, muy serio, el mayor.
Con la propina de la semana. Vistiendo ropa gruesa y oscura “para engañar al enemigo”, abordamos la difícil tarea. Era la función de vermut.
Formamos la cola. No nos vieron la cara. Compramos las entradas.
En la fila de ingreso a la sala, el nerviosismo nos delató. Llamaron a la policía. Avergonzados, huimos despavoridos.
La incauta ilusión juvenil de conocer a la sensual y estilada rubia de cautivadores ojos, siendo menores de edad, quedó trunca.
Brigitte partió con el 2025. Tenía 91 años. Se fue sin saber que cinco muchachos trujillanos de los 50, la idolatraban…

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