Un ladrón corre, con el botín, para no ir al infierno de la cárcel. El futbolista, tras una pelota, para convertir un gol y alcanzar la gloria.
El 2026 es el Mundial de los goleadores. Allí están Cristiano Ronaldo, Messi, Mbappé, Kane y Erling Haaland.
Misión exclusiva de los atacantes es anotar goles. Que es el único requisito para conseguir la victoria.
Y, como el gol es el fin supremo del fútbol, obtenerlo tiene diversas formas de celebrarlo. El jolgorio se justifica.
Mientras el espectador ruge emociónado en el apretado espacio de las tribunas, los futbolistas expresan distintas reacciones.
Gritan a todo pulmón, corren despavoridos, como si huyeran de la policía, se sientan, lanzan de pecho o espalda sobre el gramado.
También saltan, alzan los bazos, señalan al público. Semejan tirar flechas o disparar, como estilaba nuestro goleador Paolo Guerrero.
Es posible que haya otras maneras de festejar un gol, pero la actitud de Haaland es inédita.
Con su cara de bebe grande, sonríe y camina o corre unos cuantos metros. Eso es todo.
Lo contrario de sus compañeros de equipo que lo abrazan y aprietan como sus propios seres queridos.
Erling es uno de los goleadores del Mundial y eso que no jugó una fecha.
Es un artillero de verdad. Posee, corpulencia, velocidad desmarque, nervio y “patada de mula”, como se decía antes en Perú a los de fuerte shot.
Sabe adelantarse y mover justo el cuello para anotar de cabeza y patear seco de lejos para colocarla fuera del alcance del arquero.
Luego de dejar en el camino a Brasil, Noruega está en los cuartos de final. Etapa a la que llega por primera vez en su historia.
No sabemos si seguiráavanzando , con los goles de Haaland o sus colegas, pero sí que nos deja un futbolista digno de elogio.
Por sus goles. Por ese talante de quedarse quieto y negarse a gritarlos.
Haaland es el goleador silente del Mundial 2026…
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