Juan (nombre ficticio), es un profesor jubilado. Tiene 85 años y sufre sobre sus alicaídos y desencajados hombros, enfermedades propias de su edad.
Su ajado y marchito rostro relució, cuando un colega le dijo que están devolviendo el dinero que dejó de recibir del Fondo Nacional de Ahorro Público.
El FONAHPU, que son sus siglas, fue creado el 22 de julio de 1998 por Alberto Fujimori
Consistía en entregar una bonificación económica adicional, para paliar sus penurias, a ciertos pensionistas de la ONP y del gobierno.
El pago de la bonificación de 640 soles se otorgaba en dos armadas anuales separadas.
Sin embargo, arrastraba una trampa al crearse un ridículo aumento de 30 soles anuales. Así, al alcanzar los mil soles, dejaba de percibirse.
Una reciente norma dispone el pago mensual de la pensión de los beneficiarios perdidos del Decreto Ley 20530 desde el año 2025.
Debe prorratearse y ser incorporado mensualmente en la pensión, a razón de 53,33 soles cada mes. Pero, en la práctica, no se ejecuta.
Para iniciar el trámite respectivo, los detalles específicos de las cuentas se consultan en la Oficina de Normalización Previsional (ONP).
Ahí el interesado es recibido con amabilidad y, a la semana, la responden que su petición está denegada “porque supera los mil soles”. ¿Qué…?
Desorientado, Juan consulta a sus amigos, quienes le sugieren acudir a un abogado para reclamar el pago judicialmente (?).
El calvario empieza buscando al hombre de leyes, dentro de una frondosa lista que reposa en la Casa del Maestro (Arcyjell).
En el apretado estudio jurídico, le piden innecesarios documentos que Juan no tiene por su antigüedad y se suscita el siguiente diálogo:
-- Iniciar el juicio cuesta 500 soles. –informa, a secas, la seria secretaria.
-- Pero, yo no tengo tanta plana. Lo que gano, apenas me alcanza para comer –contesta con la voz entrecortada.
-- No se preocupe. Lo puede abonar en partes. Por ejemplo, cien soles cada mes o como tenga.
-- ¿Eso es todo…? –pregunta, angustiado, Juan.
-- No. Si lo deniegan, hay que apelar, Entonces se debe pagar 200 soles y si no sale, iremos al Tribunal Constitucional. Ahí son 300 soles más.
-- Uff. Me voy morir. ¿Ahí termina todo…? –insiste, pálido y medio atragantado.
-- Aún no. Debe cancelar el 15% al abogado por “su trabajo”.
Don Juan tiene que aferrarse a la más cercana silla, para no caerse de bruces.
-- Muchas gracias. Voy a regresar –son sus últimas palabras, antes de retirarse.
Solo él sabe que no volverá nunca más. Porque está decidido a abandonar toda gestión. Aunque quisiera, no tiene fuerzas para intentarlo.
Un verdadero atentado contra la indigencia y vulnerabilidad de quien dio los mejores años de su vida educando a la juventud.
Insólita situación que no debe presentarse por reclamar un pago que debe ser automático. Sin necesidad de ir a ningún sitio. Ni mirar caras duras.
Y, que tampoco signifique, a los pensionistas, perder las escasas monedas que cargan en el parchado bolsillo del pantalón de su antiguo terno.
¿Conoce Keiko, la hija de Fujimori, o algún “iluminado” congresista, la desventura de los jubilados de la ley 20530…?

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